jueves, 26 de junio de 2008

Esperanzas


Mientras las nubes cruzaban el cielo nublado de Agosto, él miraba la última luz de la tarde y se decía a sí mismo:

No existe nada más aterrador que la belleza, por eso le temo… como le temo a ella.
Sus rasgos delinean la belleza de la creación, del espacio de la vida. Sus ojos emanan luz y sus labios invitan a la poesía.
¡Que largo es el camino de su cuello!, ¡Que largo es el tramo de sus piernas!, y yo, a la distancia no hago más que apreciarle y admirarle… en silencio.
Ella es todo lo que podría soñar y sin embargo como un sueño hecho realidad… le temo.
Sus ojos no me ven, sus labios no me hablan, su cabeza no piensa en mí, su belleza me ignora… me condena.
Sus cabellos me encandilan, sus manos dibujan armonías en el aire y su voz a la que escucho a la distancia, me embriaga de melodías.
¡Que desgracia que sea tan bella! ¡Pues mi corazón su vida le daría!
Su belleza me abruma, me condiciona, me aleja... me duele.
Cuanto daría por decirle yo cuanto la amo, pero aún más daría para soportar el rechazo que ella me haría.
¿Como podría seguir viviendo con semejante carga?, ¡Como podría tener esperanzas de un nuevo futuro, si ella, con justa razón rompiera mi corazón!

Y sin pensarlo más, se acercó al umbral, cerró los ojos y se dejó caer al vacío durante la fría tarde de Agosto, mientras en algún lugar de la ciudad, ella rodeada de luz y belleza, se preguntaba por ese hombre del que le habían contado tan abrumado estaba por su hermosura. Por eso desde su soledad y tristeza pedía al destino alguna oportunidad para poder conocerlo y poder dejar atrás la tan larga soledad y tristeza del frío mes de Agosto y así poder volver a tener esperanzas en el futuro al cual ella, no le temía.



(Y recuerda que no hay peor enemigo del que llevas adentro. Depende de ti desatarlo)



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