viernes, 20 de junio de 2008

Necochea y el fin de los años 70s -2nda parte-

El sol es lo que desinteresa al mar, porque cuando esta nublado, el mar habla.
Hace poco lo volví a comprobar, es que el mar habla por la tarde, cuando esta nublado y nadie le molesta. El mar habla y dice muchas cosas.

Alguien a quién el mar nunca habló fue a la madre de mi papá.
Feliciana, era un personaje muy cruel. Parecía sacada de una de esas telenovelas brasileras de época, en donde claro que ella era la malvada.
Siempre rodeada de enemigos conspiro contra todo y todos por cualquier cosa, era de un carácter duro y de tremenda personalidad. Mi papá casi no vivió con ella, porque desde muy chico se fue a vivir con su tía -la hermana de Feliciana- una señora flaca, larga y ciega, a quién encargó la crianza de mi papá, mientras ella se iba de viaje y se casaba.

Feliciana nunca le contó a mi padre quién era su papá, y si bien con el tiempo lo averiguó, ella negó siempre la deuda, porque a su criterio el haber sido madre soltera y además de un hombre sin renombre no valía siquiera tenerlo en cuenta.
Claro que después ella se casó con un hombre de renombre y mando a mi papá a vivir con su hermana.

Casi todos los hermanos posteriores de mi papá murieron jóvenes. Su hermana más chica Luz del Alba era muy amiga de mi mamá. Todos recuerdan que era muy dulce y buena. Murió hace ya mucho y no quedan muchas imágenes de ella. Uno de las pocas fotos que hay es una que conservo por una extraña razón: Tengo un parecido aterrador con ella.

Luz murió el 4 de Febrero, una fecha emblemática en la familia porque en esa fecha murieron otros dos tíos. Luz del Alba con mi mamá se querían mucho y se sabían primas. De hecho el hermano mayor de mi mamá llegó a llamar tía a mi abuela delante mío -cuando estaban los dos vivos claro-
Las abuelas de mis padres eran hermanas, y si bien mi abuela Feliciana con el papá de mi madre eran primos, mis padres serían primos segundos.

Los hijos nacidos de dos familiares son considerados anormales o con defectos… heme aquí pues soy un buen ejemplo!

Yo me crié bastante alejado de mi (cruel) abuela Feliciana y de su telenovela brasilera de intrigas.

A fines de los años 70s y principios de los 80s mi familia se reducía a Claudia, mis tíos y padrinos Adela & Mario.

Adela tenía una boutique (como se le decía en esa época) en el centro –que no es el centro de la playa- muy coqueta en una galería –que ya no existe claro- pero a la que íbamos en invierno. Adela no podía tomar sol porque tenía una piel muy sensible, Claudia también, pero ella prefería insolarse, era más divertido.
Siempre estaba lastimada o golpeada. Una vez nos fuimos con una amiga de ella al parque Lilio y nos subimos a unos botecitos en los que hay que pedalear para moverlos, no nos fuimos al agua pero terminamos los tres embarrados y mojados, sin contar que yo quería matar un pato (a piedrazos).

No lo logré.

La costa del mar en invierno es melancólica, el mar habla muchas cosas y se acuerda de vos, tiene memoria, porque es el único que aunque pase el tiempo seguirá allí. El mar nos hablaba a mí y a Claudia desde antes de que supiera yo hablar. Ella en la playa cantaba siempre, y yo le seguía.


Cuantas cosas dice el mar!

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